Sierra del Rosario, marzo de 2024.
Un hombre, guajiro, de más de setenta años, descansa bajo el guano de su cocina, esperando el café que prepara su mujer y compañera de toda la vida. Café que él mismo ha cultivado y procesado.
El aroma del grano se esparce por todo el lugar, y hace función de bálsamo a la vez mitiga el calor y el hastío del medio día.
Su nombre es Renelio, pero nadie lo conoce de esa manera, ni los más viejos de la zona. Todos lo llamamos Pupi.