Rubén

Rubén

Supe de Rubén hace algún tiempo cuando una tarde pasé por el lugar donde vive y detrás de un cartel de venta de café, vi a un hombre mayor y de aspecto ermitaño.

Rubén vive detrás del patio de la terminal de trenes en la Habana Vieja, bajo el ruido atronador del roce de los hierros de las locomotoras con los rieles de los elevados. En su patio hay plantas de malanga, frutabomba, naranja y plátanos, y guarda en su casa multiplicidad de objetos que recoge por la calle y que luego les da vida nuevamente cuando los usa para arreglar lavadoras, ventiladores, cocinas eléctricas e infinidad de aparatos domésticos que los vecinos del barrio le llevan para que él los arregle. Su sensibilidad le alcanza para colocar en los muebles de su casa muñecos que antaño durmieron al son de una nana en brazos de otros niños, a cambio recibe de ellos la grata compañía de la inocencia.

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